Cómo darse cuenta de que es amor, no un hábito: la prueba de un psicólogo

A menudo confundimos el calor de la existencia habitual con un sentimiento profundo.

Un psicólogo sugiere responder honestamente a la pregunta: ¿cómo me sentiré si mi pareja se marcha durante un largo periodo de tiempo?, informa el corresponsal de .

¿Alivio? ¿Libertad? ¿O anhelo agudo y deseo de que vuelva antes? La respuesta a esta pregunta suele revelar la verdad que tanto intentamos ocultar tras las tareas domésticas y los préstamos conjuntos.

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El especialista explica: el hábito en las relaciones es, ante todo, la previsibilidad. Para el cerebro es energéticamente más favorable dejar las cosas como están que gastar recursos en cambiarlas.

Nos quedamos no porque amemos, sino porque es más fácil. No tenemos que dar explicaciones a nadie, dividir propiedades, buscar un nuevo lugar para vivir y acostumbrarnos a estar solos.

Después de un subidón hormonal, la pasión se transforma de forma natural de un fuego brillante a una estufa caliente. Y eso es normal. Deberías alarmarte si ni siquiera este calor permanece.

Un psicólogo lo explica: en la fase de enamoramiento, el cerebro desconecta el pensamiento crítico, sólo vemos las ventajas. Puede durar de seis meses a dos años.

Y luego viene la prosa de la vida. Te das cuenta de que tu pareja no cuelga el tapón de la pasta de dientes, ronca por la noche o habla demasiado alto por teléfono.

Aquí es donde se pone a prueba lo que había entre vosotros. ¿Amor o ilusión? ¿Está la psique preparada para aceptar a una persona real con todas sus imperfecciones?

Los psicólogos distinguen varias etapas en las relaciones: enamoramiento, apego temprano, crisis y apego profundo. El amor verdadero, según muchos expertos, sólo se forma en la última etapa.

Es el momento en que conoces a tu pareja, la has visto enfadada, débil o enferma. Y aun así decides estar a su lado. No por miedo a la soledad, sino porque se está mejor con él.

Pero, ¿cómo distinguir entre un apego profundo y un hábito trampa? Hay indicadores: si has dejado de compartir cosas íntimas, si no te interesa su opinión, si hay menos alegría que irritación, es una señal de alarma.

El sociólogo en su libro «Marriage: The Story of How Love Conquered Marriage» muestra: en el pasado, la gente se unía por cálculo, y el amor era una rara suerte. Hoy exigimos lo imposible a nuestra pareja.

Debe ser a la vez amante, mejor amigo, socio financiero y terapeuta. Nadie puede hacer frente a esta multitarea. Así que la decepción es inevitable.

Y aquí es importante comprender: la decepción no es el fin del amor. Es el fin de las ilusiones. Y depende de nosotros lo que hagamos con esta verdad.

La psicóloga aconseja no tomar decisiones precipitadas. Antes de terminar una relación, vale la pena analizar: tal vez no sea la falta de sentimientos, sino tu agotamiento o crisis personal.

A menudo confundimos el cansancio de la vida con el cansancio de nuestra pareja. Atribuimos nuestro vacío interior a nuestra pareja. Y nos vamos, sólo para pisar el mismo rastrillo una y otra vez.

Por eso, antes de poner una cruz, conviene consultar a un especialista. A veces bastan tres encuentros con un psicólogo para darse cuenta: amas, es que has olvidado cómo es sin gafas de color de rosa.

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