Durante mucho tiempo no entendíamos por qué nuestros jerséis de punto favoritos perdían su forma después del primer uso, se estiraban por los codos y se convertían en sudaderas sin forma.
Una amiga que trabaja como estilista miró una vez en su armario y se quedó horrorizada: toda su ropa colgaba de finas perchas de alambre que habían venido de la tintorería, según cuenta una corresponsal de .
Resulta que la elección de las perchas no es sólo una cuestión de estética, sino de la vida de tu ropa. Los abrigos y chaquetas pesados requieren perchas macizas que repitan la curva anatómica, pues de lo contrario el tejido se deforma y aparecen antiestéticas arrugas en las mangas, que ya no se pueden alisar.
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Las cosas de punto suelen estar contraindicadas para colgar, si no quieres que se estiren de largo. Trasladé todas mis prendas de punto a las estanterías, no en una pila tradicional, sino en rollos, como se hace en las tiendas, para que puedas ver cada pieza y no tengas que recorrer toda la torre buscando el color adecuado.
Los zapatos también sufren por un almacenamiento inadecuado, sobre todo las botas de ante blando. Para evitar que se arruguen y se caigan, meto dentro globos normales inflados al tamaño adecuado, o revistas enrolladas: mantiene la forma y salva del polvo .
¿Has notado alguna vez que tus vaqueros se ponen rígidos y rasposos después de lavarlos? Pues añado media taza de bicarbonato de sodio al compartimento del acondicionador: ablanda el agua y las fibras, y los vaqueros vuelven a estar suaves, como en la tienda, y el color no se destiñe .
Otro problema son las pelusas en mi cachemira favorita. He dejado de comprar máquinas caras para eliminarlas y me limito a afeitarlas con una maquinilla desechable, pasándola suavemente por la superficie. Funciona perfectamente si el tejido está estirado sobre una superficie plana y se tarda menos de un minuto.
También hay un secreto con las camisas: para que el cuello se mantenga siempre en pie y no se ralle, frótalo con un poco de jabón seco antes de lavarlo o aplica una gota de champú. La grasa de la piel se desprende fácilmente y el tejido parece nuevo durante más tiempo.
Lo más frustrante es cuando una blusa blanca adquiere un tinte gris después del lavado. Puedes recuperar la blancura poniéndola en remojo durante una hora en agua con aspirina: disuelve cinco pastillas en un cuenco y la amarillez desaparecerá sin necesidad de hervir, lo que estropea el tejido.
El espacio del armario también se puede organizar de forma inteligente: cuelga las cosas en perchas del mismo color, de claro a oscuro. Esto no sólo es bonito, sino también práctico: por la mañana puedes ver toda la paleta y organizar tu look más rápido, sin perder tiempo rebuscando inútilmente entre los trapos.
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