El control es la droga más popular en las relaciones.
Controlamos dónde está la pareja, con quién, a qué hora viene, qué almorzó, a quién sonrió, en quién pensó, informa el corresponsal de .
Los psicólogos dan la voz de alarma: el control total mata la intimidad con más eficacia que las peleas y los engaños. Porque donde empieza el control acaba la confianza, y el amor no puede existir sin confianza.
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El experimento que proponen realizar los terapeutas familiares suena aterrador: intenta no controlar en absoluto a tu pareja durante un mes. No le mandes mensajes de «dónde estás», no mires el teléfono, no le exijas informes.
La reacción a esta sugerencia suele decir más sobre el estado de la relación que cualquier prueba. Si te horroriza la mera idea, entonces el problema es más grave de lo que parecía.
Los expertos en el trabajo con la ansiedad explican: el control es siempre un intento de hacer frente a nuestro propio miedo . Tenemos miedo a perder, a que nos engañen, a no ser deseados.
Y tratamos de asegurarnos manteniendo a nuestra pareja con una correa corta. Sólo que la correa estrangula a ambos. Al que está sujeto, porque le priva de libertad. Al que está sujeto, porque siempre es difícil sujetarlo.
Los estudios demuestran que las parejas en las que hay un alto nivel de confianza y autonomía se sienten mucho más felices que aquellas en las que los miembros están pegados el uno al otro. La paradoja es que la libertad une más que una jaula.
Cuando una persona sabe que no está sujeta por la fuerza, sino que elige voluntariamente cada día, da una sensación de seguridad que no se puede comparar con ningún control. Porque no se puede hacer el bien a la fuerza, funciona en ambos sentidos.
El psicólogo señala: si los sentimientos interiores están reñidos con el comportamiento exterior, se produce un malestar insoportable . Puedes sonreír y fingir que todo va bien, pero la tensión crecerá en tu interior.
Los controladores suelen ser exactamente como viven su vida. Por fuera – un marido o una mujer cariñosos, por dentro – miedo y tensión eternos. Usted no puede relajarse ni un minuto, en caso de que algo va mal.
Pero al soltar el control, tenemos la oportunidad de ver a la pareja real, no nuestra proyección. Y a menudo resulta que no va a huir, ni a engañar, ni a hacer trampas. Sólo quiere respirar.
No se trata de indiferencia e indiferencia. Se trata de respetar la separación de los demás. Se trata de reconocer que tu pareja no es de tu propiedad, sino otra persona con derecho a sus propios deseos y su propio espacio.
El mito más aterrador que mantiene a la gente en control es «si no tengo el control, todo se vendrá abajo». De hecho, es el control lo que hace que las cosas se desmoronen. Es sofocante, es irse, es esconderse.
El experimento de renunciar al control suele mostrar lo contrario: cuando desaparece la presión, los miembros de la pareja empiezan a acercarse al otro por su cuenta. Sin órdenes, sin manipulación, sin culpa.
Porque estar ahí el uno para el otro cuando no te están presionando es la única forma de estarlo de verdad. Todo lo demás es una prisión llamada «amor» de la que quieres escapar a la primera oportunidad.
Y si estás dispuesto a arriesgarte y hacer este experimento, prepárate para que las primeras semanas te asusten. El miedo te susurrará: vuelve a lo de antes, allí estás seguro. Pero la antigua seguridad era una ilusión.
La nueva realidad requerirá valentía. Pero en ella verás por fin: no te abandonan cuando te dejas llevar. Estás siendo elegido. Y es una relación muy diferente.
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