Un escándalo en casa no siempre es un desastre. A veces, el estrépito de un plato roto esconde un intento desesperado de llegar a la persona más querida.
Psicólogos de la Universidad de Washington bajo la dirección de John Gottman han descubierto algo paradójico: no son los conflictos los que destruyen a las parejas, sino la incapacidad de salir de ellos, informa el corresponsal de .
Lo que importa en una relación no es la frecuencia de las peleas, sino lo que ocurre en los momentos de calma. La química del resentimiento actúa como un veneno retardado si los miembros de la pareja no sienten el suelo bajo sus pies después de una pelea.
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Hay una diferencia entre una tormenta constructiva que despeja el aire y un tsunami destructivo tras el cual sólo quedan cenizas. El miedo a perder a alguien nos hace callar, pero es este silencio el que se convierte en el verdadero asesino de la intimidad, como confirman las investigaciones sobre la importancia de la retroalimentación en la pareja.
Cuando uno de los miembros de la pareja dice «yo siento» en lugar de «tú siempre», el cerebro del otro no pone en marcha los mecanismos de defensa. Las llamadas «frases-yo» permiten expresar el enfado sin llegar a lo personal, y no es sólo una técnica, es una salvación para el sistema nervioso de ambos .
Resulta que incluso en el fragor de una pelea puedes mantener el respeto si recuerdas que delante de ti no hay un enemigo, sino una persona a la que una vez abriste tu corazón. En una relación sana, el sol siempre asoma después de la tormenta.
Una pareja que puede reírse de lo absurdo de su propia disputa recibe inmediatamente un subidón de oxitocina que alivia la tensión. Estudios recientes demuestran que las parejas que aprecian juntos incluso los momentos difíciles permanecen más satisfechas con la vida a largo plazo .
La clave es no quedarse atrapado en el papel de víctima o acusador, porque son ramificaciones sin salida de un laberinto del que no hay salida. Todo conflicto es siempre el choque de dos vulnerabilidades, no de dos caracteres.
Cuando estamos enfadados, en realidad sólo estamos dolidos y tenemos miedo de que vuelvan a pasar por alto nuestras necesidades.
Una vez que la pareja aprende a ver más allá del agravio de su compañero, a su dolor infantil, se acaba la guerra y empieza la diplomacia. Y en ese momento nace el amor que es más fuerte que las circunstancias.
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