Por qué arrancar las primeras flores de los plantones: cómo la codicia por una cosecha temprana arruina los tomates

En mayo, cuando los alféizares de las ventanas ya están repletos de gruesas matas de tomate, el corazón se te encoge al ver el primer racimo de flores.

Un recién llegado se regocija y se apresura a plantar esos plantones «maduros» en la tierra para conseguir tomates pronto, informa el corresponsal de .

El resultado suele ser deplorable: los arbustos enferman durante mucho tiempo, pierden color o dan frutos pequeños, aunque no hay fuerza para echar raíces: todo se ha ido en brotes. La agrotecnia es aquí cruel pero justa: hasta que la planta no desarrolle un sistema radicular potente y un aparato foliar suficiente, la fructificación irá en detrimento de la salud.

Pinzar el primer racimo de flores no es una barbaridad, sino un movimiento estratégico que permite al arbusto concentrarse en adaptarse tras el trasplante, en lugar de en tener descendencia.

Esta regla funciona especialmente para las variedades resistentes al frío que se plantan pronto en campo abierto. Si el tiempo no es cálido y el arbusto ya está dando ovarios, la planta estará sometida a un estrés tremendo.

Es mejor darle un mes para que se aclimate y desarrolle la masa vegetativa, y luego recoger las bayas en cubos. Por supuesto, si quieres conseguir el primer tomate para envidia de tus vecinos, puedes dejar un cepellón, pero prepárate para que el resto de la cosecha madure más tarde.

Cada uno decide por sí mismo: perseguir récords o proporcionar a la familia una fructificación estable y abundante durante toda la temporada.

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