Cuando vi por primera vez a la dueña de una dacha verter una botella del yodo más barato de la farmacia en un cubo de agua para regar los plantones, pensé mentalmente que la mujer había decidido dedicarse a la alquimia casera en lugar de a la horticultura.
Pero al cabo de un mes sus plantones de tomate estaban de color verde oscuro, fornidos y con tallos gruesos, mientras que los de los demás estaban estirados y pálidos en los alféizares de las ventanas, informa el corresponsal de .
Resulta que los antisépticos de farmacia, que estamos acostumbrados a utilizar sólo para los arañazos, funcionan en los arriates como potentes catalizadores del crecimiento y la protección. El yodo, por ejemplo, aumenta la asimilación de nitrógeno por las plantas y sirve como profiláctico contra la phytophthora, y el verde diamante gracias al cobre en su composición hace frente perfectamente al oídio.
Realizar tales fertilizantes deben ser estrictamente dosificado, literalmente gotas, a fin de no quemar las raíces tiernas, y lo mejor de todo en el suelo húmedo. Una solución de tres gotas de yodo por cubo de agua, derramada bajo la raíz de los tomates al principio de la floración, hace que los pinceles sean potentes, y los ovarios numerosos, probados por más de una temporada.
Si en las hojas de los pepinos aparecieran manchas blanquecinas, indicando el comienzo del oídio, basta con diluir diez gotas de verde en un litro de agua y rociar los palos. Este remedio es mucho más suave que la química, pero suprime eficazmente el hongo, devolviendo a las plantas un aspecto sano en sólo un par de días.
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