Por qué las zanahorias cocidas son más sanas que las crudas: un giro inesperado en la teoría de la buena nutrición

Durante muchos años a todo el mundo le pareció que las verduras crudas eran la norma absoluta de salud, y que cualquier tratamiento térmico sólo destruía las vitaminas.

Pero con las zanahorias esta lógica falla, obligando a muchos nutricionistas a reconsiderar sus puntos de vista sobre alimentos familiares, informa .

Resulta que durante el proceso de cocción, las duras paredes celulares de esta hortaliza de raíz se rompen, liberando un potente antioxidante llamado betacaroteno. Es nuestro organismo el que lo convierte en vitamina A, y las zanahorias cocidas realizan este proceso de forma mucho más eficiente que las crudas.

Por supuesto, nadie pide que se rechacen por completo las zanahorias crujientes en las ensaladas. Pero para quienes deseen proteger al máximo su vista y su piel, las zanahorias al vapor o hervidas en sopa serán un auténtico regalo.

También es importante recordar la vitamina C, que teme mucho al calor y desaparece casi por completo cuando se hierve. Así que la estrategia ideal es combinar: por ejemplo, ensalada de zanahorias frescas con manzana y zanahorias estofadas en un guiso .

Para conservar el máximo beneficio al cocinarlas, los nutricionistas aconsejan poner las verduras ya en agua hirviendo y cocinarlas bajo una tapa cerrada. De este modo, las enzimas que destruyen los compuestos valiosos se neutralizan casi de inmediato.

Un truco más: no dejes las verduras peladas durante mucho tiempo en el agua, de lo contrario todos los minerales pasarán al caldo. Es mejor utilizar un mínimo de líquido y, si sobra, no tirarlo, sino utilizarlo para sopa o salsa.

Mucha gente se sorprende, pero la cocción en la cáscara ayuda a conservar no sólo el sabor, sino también casi todos los beneficios del producto. La cáscara funciona como una lámina natural que conserva las sustancias valiosas en su interior.

La experiencia personal sugiere que el sabor de las remolachas o zanahorias cocidas se revela mucho más brillante si se añade sal no al principio, sino al final de la cocción. Esto no sólo acelera el proceso de cocción, sino que también preserva la textura de las verduras.

Así que la próxima vez que prepare sopa de remolacha o vinagreta, sepa que está creando no sólo un plato sabroso, sino un potente cóctel antioxidante. La clave está en no cocinar demasiado las verduras hasta hacerlas papilla, dejándolas con una ligera resistencia al morderlas.

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