Por qué tu perro está triste contigo: la ciencia ha desvelado el secreto de la empatía

¿Te has dado cuenta de que los días en que todo se desmorona, tu perro tampoco da saltos de alegría y se tumba tranquilamente en su asiento?

Resulta que no se trata de una simple coincidencia y no de un homenaje de moda para adaptarse al estado de ánimo del dueño en aras de una golosina, informa el corresponsal de .

Investigadores de la Universidad de Bristol realizaron un curioso experimento y descubrieron que los perros pueden literalmente contagiar nuestro estrés captándolo por el olfato. Durante las pruebas, los animales olfatearon muestras de sudor y aliento de personas que acababan de vivir una situación estresante o, por el contrario, se encontraban en completa relajación.

El resultado fue sorprendente: en cuanto el perro percibió el «aroma» del estrés, su comportamiento cambió radicalmente. Empezó a actuar con más cautela y a mirar el mundo con evidente pesimismo, por ejemplo, acercándose más despacio al cuenco con una golosina dudosa.

Por el contrario, el olor de una persona relajada volvía optimistas a los perros y les hacía explorar más deprisa nuevos objetos con la esperanza de encontrar algo sabroso. Resulta que nuestro trasfondo emocional es para ellos como un libro abierto, que leen incluso sin palabras, simplemente «olfateando» el aire.

Pero las maravillas de la percepción no acaban ahí. Los científicos llevan tiempo observando que cuando un humano y un perro se miran a los ojos, ambos producen oxitocina, la misma hormona responsable del apego y la ternura entre madre e hijo.

Esto es una prueba química del fuerte vínculo que se forma tras siglos de coevolución. Además, biólogos húngaros de la Universidad de Budapest afirman que el comportamiento de un perro en un entorno desconocido imita casi a la perfección el de un niño pequeño .

Mientras el dueño está cerca, la mascota explora con audacia el territorio, pero cuando sale por la puerta, el perro abandona todos los juegos y se sienta en el umbral con ansiosa expectación. Esto demuestra que los perros ven en nosotros no sólo líderes, sino una base fiable, una especie de «retaguardia segura», como los niños ven a sus padres.

Valoran nuestra presencia no sólo físicamente, sino también emocionalmente. La responsabilidad del estado mental de un amigo de cuatro patas recae enteramente en el ser humano, subrayan los zoopsicólogos modernos.

La ansiedad crónica en los perros, que puede diagnosticarse incluso por la temperatura de la nariz, suele ser consecuencia directa de nuestro propio nerviosismo o comportamiento incoherente. Así que la próxima vez que pienses que tu perro está triste sin motivo, mírate más a ti mismo. Quizá sea tu reflejo en sus ojos devotos, porque realmente sienten nuestro dolor como propio.

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