Los antidepresivos no ayudan a todos los pacientes, y encontrar nuevos enfoques para la terapia de la depresión sigue siendo uno de los retos centrales de la psiquiatría moderna. Investigadores del Mass General Brigham informaron de que los antiinflamatorios pueden reducir la gravedad de los síntomas depresivos en una fracción de los pacientes. El trabajo se publicó en la revista American Journal of Psychiatry (AJP).
El equipo dirigido por Naoise Mac Giollabhui analizó los datos de ensayos clínicos aleatorizados en los que se recetaron antiinflamatorios a personas con depresión diagnosticada y biomarcadores de inflamación simultáneamente elevados. Como señaló el científico, se trataba de un enfoque clave, ya que los ensayos clínicos anteriores habían arrojado resultados dispares, probablemente porque los fármacos se probaron en un grupo demasiado amplio de pacientes.
«Si una persona no tiene inflamación, es improbable que un fármaco antiinflamatorio le ayude», explicó Mac Giollabhui. – Nuestra hipótesis era que la eficacia de la terapia sólo se pondría de manifiesto en pacientes cuya depresión estuviera realmente relacionada con una disfunción del sistema inmunitario.»
El análisis final incluyó datos de 11 ensayos clínicos y 321 pacientes.
Los investigadores descubrieron que los antiinflamatorios reducían de forma estadísticamente significativa la gravedad de la depresión.
Los hallazgos, según los autores, apuntan a la existencia de un subtipo especial de depresión asociada a la inflamación crónica de bajo nivel. En tales pacientes, es probable que los trastornos inmunitarios sean una de las causas del estado patológico, lo que significa que influir en los procesos inflamatorios puede ser una estrategia terapéutica eficaz.
El autor principal del trabajo, el profesor Richard Lew, subrayó que no se trata todavía de introducir inmediatamente los fármacos en la práctica clínica generalizada. Algunos antiinflamatorios tienen efectos secundarios graves, por lo que su uso requiere precaución. Sin embargo, los resultados abren oportunidades para el desarrollo de nuevos fármacos y un enfoque personalizado del tratamiento de la depresión.
El siguiente paso será crear biomarcadores inmunológicos más precisos para ayudar a determinar quién está realmente indicado para una terapia antiinflamatoria. Los científicos también planean desarrollar métodos que se dirijan selectivamente a las partes disfuncionales del sistema inmunitario, minimizando los riesgos.
«Se necesitan nuevas formas de identificar a los pacientes que se beneficiarían de estos tratamientos», señaló Mac Giollabhui. – Pero ya está quedando claro que la depresión en un subconjunto de pacientes está estrechamente vinculada a la disfunción de la respuesta inmunitaria, y este vínculo podría constituir la base de toda una nueva clase de terapias».

