Cómo los pequeños hábitos cambian el gran amor: el inesperado descubrimiento de los científicos sobre la naturaleza de la felicidad

El amor no vive en votos ruidosos, sino en rituales silenciosos de los que ni siquiera nos damos cuenta.

Psicólogos de la Universidad de Pensilvania realizaron un experimento de un mes de duración y descubrieron algo sorprendente: cuando mostramos cariño por los demás, sentimos que nos quieren, informa .

Es un efecto espejo que puede hacer maravillas con cualquier pareja, incluso con las que atraviesan una crisis. Piensa en tu mañana: ¿besaste a tu pareja antes de irte a trabajar o te limitaste a murmurar un «adiós»?

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Esos microsegundos lo resuelven todo. Los científicos afirman que el contacto táctil estimula la producción de oxitocina, una hormona del apego que reduce los niveles de estrés más rápido que cualquier antidepresivo.

Y no se trata del número de abrazos, sino de su sinceridad, de si estás plenamente presente en ese momento. Existe la «validación emocional».

Es cuando un compañero no se limita a asentir, sino que realmente escucha tu dolor y reconoce su derecho a existir. El servicio psicológico estudiantil de la Universidad de Belgorod incluso organizó cursos de formación en los que se enseñaba a escuchar correctamente.

Resulta que para que una persona se sienta querida, a veces basta con decirle: «Entiendo por qué sufres tanto». Sin consejos ni juicios. Las investigaciones de John Gottman confirman que las parejas que se interesan regularmente por el mundo interior del otro tienen muchas menos probabilidades de romper.

La pregunta «¿Qué tal el día?» formulada con auténtica curiosidad puede ser más importante que un aniversario de boda celebrado en un restaurante. La vida cotidiana te absorbe, pero es en ella donde reside el secreto de la eternidad.

Los nuevos hábitos no requieren un esfuerzo hercúleo. Basta con empezar poco a poco: dar las gracias por la cena, aunque no sea perfecta, o simplemente cogerse de la mano en silencio en el coche.

Esto crea la propia «reserva de benevolencia», que luego salva cuando se produce la verdadera tormenta . Así que el gran amor no es más que la suma de pequeños hábitos, casi imperceptibles, de estar ahí el uno para el otro.

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