Levantarse a las 5 de la mañana: ¿realmente aumenta la productividad al madrugar?

Foto: de fuentes públicas

Los científicos explican: madrugar a la fuerza va en contra de los ritmos naturales de muchas personas

Levantarse a las cinco de la mañana se ha convertido en un ritual muy popular en las redes sociales, donde los partidarios del «éxito mañanero» presumen de chapuzones fríos, carreras y listas de tareas antes del amanecer. Famosos «alondras» como el consejero delegado de Apple, Tim Cook, el empresario Richard Branson y la actriz Jennifer Aniston no hacen sino aumentar la popularidad de la idea. Sin embargo, la evidencia científica demuestra que no existe una fórmula universal: un horario de sueño de este tipo puede contradecir los ritmos biológicos naturales de los seres humanos. Así lo informa Science Alert.

Los investigadores explican que la productividad depende en gran medida del cronotipo individual, el ritmo biológico interno de una persona. Determina cuándo nos sentimos naturalmente alerta y cuándo nos sentimos naturalmente somnolientos. Esto es en parte genético, y no es fácil cambiar este mecanismo.

Tradicionalmente, las personas se dividen en «alondras», «búhos» y tipos intermedios. Los tipos matutinos se despiertan con facilidad, incluso sin despertador, y mantienen un régimen estable los fines de semana. Los tipos vespertinos, por el contrario, muestran la mayor actividad cerca de la tarde y pueden trabajar eficazmente por la noche. La mayoría de las personas se sitúan en algún punto intermedio.

Las observaciones científicas lo demuestran: las «alondras» tienen más probabilidades de obtener mejores resultados académicos y hábitos más saludables. Al mismo tiempo, los «búhos» suelen experimentar mayores niveles de agotamiento y peor bienestar. La razón puede no ser una menor capacidad, sino un desajuste constante entre el ritmo natural y los horarios sociales.

Este desfase se denomina jetlag social: cuando los relojes biológicos no coinciden con las exigencias del trabajo o la escuela. Las investigaciones lo relacionan con un mayor riesgo de diabetes, hipertensión y obesidad. Obligar a madrugar a los «búhos» sólo puede agravar el problema.

Nota de los expertos: empezar temprano el día no garantiza por sí solo el éxito. Las personas rinden más cuando su horario está alineado con su propia biología. El efecto inicial de un nuevo régimen suele estar relacionado con la motivación, pero con el tiempo el desajuste puede conducir a una privación crónica del sueño y a una menor concentración.

Para determinar tu cronotipo, se aconseja llevar un diario del sueño: anota la hora a la que te duermes y te despiertas los días laborables y los fines de semana, y controla tu estado de ánimo y tus niveles de energía. Si tardas menos de 30 minutos en dormirte, es posible que la hora que elijas coincida con tu ritmo; si tardas más de una hora, probablemente tu cuerpo esté preparado para un horario más tardío.

«La verdadera ventaja de la productividad no está en despertarse temprano, sino en desarrollar una rutina que se ajuste a cómo funcionan realmente tu cerebro y tu cuerpo», dice el artículo.

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