Para los no iniciados, la cola de un perro es sólo un alegre indicador de buen humor, pero para los que saben de fisiología, es un sofisticado transmisor de emociones que funciona como una radiobaliza.
La neuróloga veterinaria Susan Wilson, de la Universidad de California, ha descubierto tras años de observación que la dirección del meneo tiene un significado literalmente polar, informa .
Cuando un perro está entusiasmado con su dueño u otra persona conocida, su cola se mueve hacia la derecha, lo que se asocia con la activación del hemisferio izquierdo del cerebro, responsable de las emociones positivas y la accesibilidad. Pero si ves a un perro con la cola inclinada hacia la izquierda, es mejor que te alejes de él: es una señal de ansiedad y agresividad señalada por el hemisferio derecho.
Resulta que el perro puede mover la cola, mostrando así sentimientos totalmente opuestos, desde amabilidad hasta un vivo deseo de defenderse. La altura de la cola también desempeña un enorme papel: una cola alta muestra confianza y dominancia, mientras que una cola metida entre las patas muestra miedo y un intento de parecer más pequeño para no provocar conflictos.
Los gatos son aún más sutiles manipuladores en este sentido, y la principal herramienta de su comunicación son la cola y las orejas. La sacudida de la punta de la cola de un gato sentado en el alféizar de la ventana no es un signo de impaciencia, sino la primera señal de que se está acumulando tensión interna y pronto puede convertirse en un arrebato agresivo si no se advierte.
Los zoopsicólogos alemanes del Instituto de Comportamiento Animal de Berlín también han descifrado el significado de las orejas de los gatos. Si las orejas apuntan hacia delante, el gato está tranquilo e interesado en lo que ocurre, si están giradas hacia los lados como localizadores – está alerta y recoge información, y si están pegadas a la cabeza y giradas hacia atrás – espera problemas, el animal está listo para atacar.
Gran parte de los conflictos entre humanos y animales se deben precisamente a la incomprensión de estas sencillas señales. Vemos una cola que se mueve y estiramos la mano para acariciarla, sin darnos cuenta de que el perro está congelado en tensión y su cola se mueve hacia el lado izquierdo, avisando de incomodidad.
Científicos de la Universidad de Tokio han comprobado que los perros cuyos dueños han aprendido a «leerlos» correctamente viven más tiempo de media y son menos propensos a sufrir trastornos de conducta. Prestar atención a pequeños detalles, como la posición de las orejas o la vibración de los bigotes, prolonga la vida de una mascota al aliviar el estrés crónico.
Los gatos también corresponden a esta comprensión: son más propensos a frotarse contra las patas de alguien que respeta su espacio personal y se alejan de los abrazos cuando su lenguaje corporal indica una reticencia al contacto. Se trata de un diálogo sutil en el que no hacen falta palabras, pero que construye una relación verdaderamente profunda.
Al aprender a entender estas señales, dejamos de ser meros dueños y nos convertimos en verdaderos compañeros, capaces de escuchar lo que no se dice en voz alta.
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