El control en las relaciones suele disfrazarse de cuidado y preocupación, pero en realidad ahoga el amor más rápido que cualquier infidelidad.
La sexóloga y coach de relaciones advierte: preguntas del tipo «¿Por qué no me has contestado en 20 minutos?» o «¿Quién es esa Masha de la que te gustan las fotos?» suenan como un aviso de sirena: «Cuidado, irá a peor», informa la corresponsal de .
Una psicóloga se hizo eco de su colega, recordando que los hombres (y también las mujeres) buscan calma y calidez en sus relaciones. Quieren desconectar de las tareas interminables y de la tensión al lado de su amada, no recibir una dosis extra de ella.
Cuando un miembro de la pareja empieza a desempeñar el papel de investigador y el otro el de sospechoso, la confianza puede olvidarse para siempre. Lo irónico es que cuanto más intentamos mantener a una persona en una jaula de control, más desesperada está por encontrar un resquicio para liberarse.
El deseo de consultar el teléfono o las redes sociales no tiene que ver con el amor, sino con tu propia ansiedad y miedo, que debes trabajar personalmente y no trasladar a tu pareja. La psicóloga aconseja recordar una simple verdad: cuanto más libres se sienten las personas de una pareja, más fuerte es el vínculo entre ellas.
Si dejas de controlar y empiezas a confiar, ocurre algo asombroso: tu pareja deja de defenderse y se acerca a ti con aún más ternura. Ya no gasta energía en excusas y puede dirigirla al desarrollo de la relación .
Por supuesto, esto no significa que debas hacer la vista gorda ante las verdaderas «banderas rojas»: la mala educación o la impuntualidad sistemática. Pero entre la vigilancia de las banderas rojas y la vigilancia total hay un abismo, y es mejor cruzarlo inmediatamente en la dirección correcta.
Lo que se obtiene con trabajo duro y controles constantes, no tiene ni sabor ni olor a verdadera felicidad. Sólo cuando sueltas la correa puedes ver si el perro corre a su lado por voluntad propia o sólo está esperando el momento de soltarse de la atadura.
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