Tras un duro día de trabajo, una mujer abre automáticamente un armario con galletas y se come medio paquete sin notar el sabor, sólo para calmarse.
No se da cuenta de que no se trata de hambre o debilidad de carácter, sino de la bioquímica del cerebro, que necesita un rápido subidón de dopamina tras una estresante liberación de cortisol, informa un corresponsal de .
El psicólogo explica que la comida, especialmente los alimentos dulces y grasos, proporciona una liberación instantánea de dopamina que anula los sentimientos desagradables. El cerebro recuerda esta sencilla forma de calmarse y exige una chocolatina en lugar de un paseo o una charla sincera cada vez que se siente estresado.
La inanición de dopamina, de la que tanto se habla ahora, no es una negación completa de los placeres, sino una restricción temporal de los superestímulos. Si se suprimen la comida rápida, las redes sociales y las series de televisión durante unos días, el cerebro se reinicia y empieza a obtener alegría de las cosas sencillas: un paseo, socializar, un buen libro.
Las investigaciones confirman que comer compulsivamente en exceso está relacionado con las mismas zonas del cerebro que las adicciones. Cuanto más a menudo se da un atracón una persona, más fuerte se hace la conexión neuronal y más difícil es romper este círculo vicioso sin la ayuda de un profesional.
La salida no está en prohibiciones rígidas, que conducen a colapsos, sino en encontrar fuentes alternativas de dopamina. Algunas personas encuentran ayuda en el deporte, otras en la creatividad, otras simplemente hablando con un amigo… es importante encontrar tu propia manera de afrontar las emociones sin comida.
Si tienes antojo de dulces después de sufrir estrés, es útil que te preguntes: ¿tengo hambre de verdad o estoy triste, asustado, solo? A menudo basta con darse cuenta para no abrir la nevera y hacer otra cosa que realmente resuelva el problema en lugar de sofocarlo durante una hora.
Formar nuevos hábitos lleva tiempo y paciencia, porque las viejas conexiones neuronales no desaparecen, sólo se debilitan en ausencia de refuerzo. Cada vez que una persona elige dar un paseo en lugar de comer una galleta, está dando un paso hacia la liberación del comer emocional.
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