Una lavadora automática es un ayudante indispensable en todos los hogares. Para que este aparato funcione fielmente durante muchos años, es importante utilizarlo correctamente y no sobrecargarlo. La cuestión de con qué frecuencia se puede poner en marcha el aparato sin dañar la técnica y qué afecta a su longevidad, preocupa a mucha gente.
No existe una respuesta unívoca a la pregunta sobre el número de lavados por semana. Depende mucho del modelo concreto. Las lavadoras modernas son sin duda más avanzadas tecnológicamente y fiables que las generaciones anteriores. Están diseñadas para un uso más intensivo. Sin embargo, incluso en los modelos más modernos, los expertos no recomiendan ponerlas en marcha más de una o dos veces al día. Al mismo tiempo, es necesario hacer una pausa de media hora entre cada lavado. Este modo permite mantener limpia la ropa de su familia y, al mismo tiempo, protege los electrodomésticos de un desgaste prematuro.
En general, la vida útil del aparato se ve afectada por toda una serie de factores. Por ejemplo, la calidad del agua. El agua dura favorece la formación de cal en la resistencia y otras piezas internas, lo que reduce la eficacia del funcionamiento y provoca averías. Para ablandar el agua, puede utilizar filtros especiales, añadir carbonato sódico o utilizar agentes antical. Otro enemigo de los electrodomésticos: las subidas repentinas de tensión pueden dañar los componentes electrónicos. Una solución fiable a este problema es la instalación de un estabilizador de tensión.
Las condiciones de funcionamiento también desempeñan un papel importante. Una humedad elevada en la sala donde está instalada la máquina puede provocar la corrosión de las piezas metálicas, el fallo de los cojinetes del motor y el fallo del módulo electrónico. Es igualmente importante cargar correctamente la ropa en el tambor. La sobrecarga sobrecarga innecesariamente el motor y otros mecanismos, y pequeñas cantidades de ropa pueden desequilibrar y dañar el tambor.
El uso excesivo de detergentes también perjudica a la máquina. El exceso de polvo o gel no sólo no mejora la calidad del lavado, sino que se deposita en las piezas internas, formando depósitos que dificultan el funcionamiento de la máquina.
