Los dueños de gatos a menudo se echan las manos a la cabeza: la mascota huye despavorida de un barreño con agua para bañarse, pero salta de buena gana a un lavabo o bañera mojados tras una ducha.
El biólogo explica esta paradoja no por capricho, sino por las peculiaridades de la evolución y la fisiología, informa el corresponsal de .
Los antepasados salvajes de los gatos domésticos vivían en regiones áridas donde las grandes masas de agua eran raras y peligrosas. El instinto nos lo dice: el pelaje mojado dificulta la termorregulación y hace que el olor sea más perceptible para los depredadores, por lo que el baño en agua estancada es temido.
Pero el agua corriente del grifo es otra historia. En la naturaleza, los arroyos y las gotas se asocian al agua potable, y el movimiento se ve atraído por el instinto de caza: un gato intentando atrapar a una «presa» que huye.
Un gato siberiano ignoraba un cuenco de agua, pero en cuanto se abrió el grifo de la cocina, saltó al fregadero y puso el hocico bajo el chorro. El veterinario dijo que era normal: el agua que fluye parece más fresca y segura para los gatos que el agua estancada en un cuenco.
Además, el sonido del agua al verterse enmascara otros ruidos, lo que hace que el gato se sienta más tranquilo. Si su gato va al lavabo, no le regañe, sino instale un bebedero especial para satisfacer sus necesidades naturales.
En cuanto al baño, la mayoría de los gatos realmente no lo necesitan si están sanos y se lamen el pelo ellos mismos. Lavarlos sólo debe hacerse como último recurso, utilizando agua tibia y cortando previamente el acceso a los chorros que se escapan, que les asustan aún más.
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