La suave lengua de un perro recorriendo la mejilla o los labios resulta entrañable para algunos y horrorosa para otros, partidarios de la limpieza estéril.
El infectólogo está seguro de que la verdad, como siempre, está en el término medio, y prohibir el contacto con una mascota es una tontería, pero no se puede ignorar la higiene, informa el corresponsal de .
La saliva de los perros contiene la enzima lisozima, que tiene propiedades bactericidas contra algunos gérmenes. Existe incluso la teoría higiénica de que el contacto precoz con animales reduce el riesgo de alergias y refuerza la inmunidad de los niños.
Sin embargo, la boca del perro también alberga sus propias bacterias, que son inofensivas para el perro pero potencialmente peligrosas para el ser humano. Esto es especialmente cierto para los ancianos, los niños pequeños y las personas con inmunidad reducida, por ejemplo, después de la quimioterapia.
El veterinario admitió que nunca deja que su perro le lama la cara, sobre todo la boca, pero le encanta que le lama las manos después de un paseo. Se las lava con agua y jabón, pero está convencido de que ese contacto le aporta positividad y oxitocina, la hormona del vínculo.
El peligro no es tanto el lamido en sí, sino las posibles microfisuras en los labios o las mucosas. En teoría, a través de ellas pueden entrar parásitos o bacterias como el campylobacter y provocar molestias estomacales.
Así que dejar que tu perro te lama la cara es una elección personal, pero lo mejor es no convertirlo en un hábito. Pero dejar que tu mascota te lama la palma de la mano o la pata es una forma estupenda de reforzar el vínculo afectivo sin riesgos innecesarios para la salud.
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