Qué pasa si no cambias la ropa de cama cada semana: manual de higiene para gente ocupada

El debate sobre la frecuencia con que debe cambiarse la ropa de cama no cesa en ninguna familia: algunos piensan que una vez al mes es suficiente, otros respetan estrictamente el intervalo semanal, otros cambian las sábanas cada tres días, como en un hotel.

La ciencia de la higiene da una respuesta inequívoca que choca a muchos, obligándoles a reconsiderar sus hábitos y a mirar su propia cama desde un nuevo ángulo, informa el corresponsal de .

Durante una noche una persona pierde alrededor de un litro de líquido en forma de sudor, aunque no tenga calor y no padezca hiperhidrosis. Toda esta humedad es absorbida por la almohada, las sábanas y el edredón, creando un caldo de cultivo ideal para bacterias y hongos.

A la mañana del séptimo día de uso, el número de microorganismos en la ropa de cama alcanza tales concentraciones que resulta antihigiénico, cuando no peligroso, dormir en una cama así. Los ácaros del polvo doméstico son los principales habitantes de cualquier cama, y se alimentan de partículas de piel muerta, que una persona pierde hasta un gramo y medio por noche.

Durante una semana en la sábana se acumula tanto alimento para estas criaturas microscópicas que su población crece exponencialmente. Los productos de la actividad de los ácaros son un fuerte alergeno, que provoca goteo nasal, tos e incluso asma.

Los cosméticos, que muchas personas no se enjuagan por la noche o no lo hacen lo suficiente, permanecen en la funda de la almohada y se vuelven a frotar en la piel por la mañana. Los restos de cremas, aceites y bases de maquillaje se mezclan con el sudor y las bacterias, obstruyendo los poros y provocando inflamación.

Quienes se quejan de los granos matutinos a menudo ni siquiera se dan cuenta de que la causa no son los cosméticos, sino una funda de almohada sucia, que ya es hora de cambiar. El pelo acumula el polvo y la suciedad del día y lo transfiere todo a la almohada por la noche.

Esto es especialmente cierto para quienes se lavan el pelo por la mañana en lugar de por la noche: durante el día, el pelo se convierte en un auténtico colector de polvo, y toda esa suciedad acaba en la funda de la almohada y luego en tu cara. Ducharse antes de acostarse soluciona en parte el problema, pero sigue siendo necesario cambiarse de ropa interior con regularidad.

Si hay mascotas en casa que duermen en la cama con sus dueños, la situación se agrava muchas veces. La lana, la saliva, las partículas de piel y la suciedad de la calle en sus patas acaban en la cama, aunque la mascota esté limpia.

Para los alérgicos, esta vecindad puede ser fatal, y para otros, puede garantizar que habrá que lavar la ropa incluso más a menudo que una vez a la semana. Desde el punto de vista de dermatólogos e higienistas, el intervalo ideal para cambiar la ropa de cama es de dos veces por semana para las fundas de almohada y una vez por semana para las sábanas y fundas nórdicas.

En verano, con el calor del día, cuando aumenta la sudoración, la ropa blanca debe cambiarse cada tres o cuatro días. Sólo un régimen así garantiza que el descanso nocturno te revitalice de verdad, en lugar de convertir tu cama en un caldo de cultivo de infecciones.

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