Los científicos han descubierto que la composición de la sangre de las personas que viven 100 años o más es en muchos aspectos más parecida a la de los jóvenes que a la de las personas de 80 años. Esta es la conclusión a la que han llegado investigadores de las Universidades de Ginebra y Lausana en el marco del proyecto SWISS100. Los resultados se publican en la revista Aging Cell (AC).
En el estudio se compararon los parámetros sanguíneos de 39 longevos de entre 100 y 105 años, 59 personas que habían cumplido 80 años y 40 voluntarios de entre 30 y 60 años. Los científicos analizaron los niveles de 724 proteínas en suero, incluidos marcadores de inflamación y riesgo cardiovascular.
Resultó que, en el caso de 37 proteínas, los perfiles de los longevos eran mucho más parecidos a los del grupo de indicadores en la edad de 30-60 años que a los de los octogenarios. Sin embargo, los científicos señalan que los cambios afectaban sólo al 5% de todas las proteínas estudiadas. Según los autores, este resultado indica no la «ausencia de envejecimiento», sino la ralentización de una serie de procesos biológicos clave.
Las diferencias más notables afectaban a las proteínas asociadas al estrés oxidativo, un proceso que acelera el envejecimiento celular. Su nivel era significativamente inferior en los longevos. Al mismo tiempo, la concentración de proteínas antioxidantes también era menor: en opinión de los autores, esto no refleja una deficiencia de defensas, sino una menor necesidad inicial de las mismas debido al bajo estrés oxidativo.
Además, los niveles de proteínas reguladoras de la matriz extracelular se mantuvieron normales en los longevos. En cambio, se redujeron los niveles de moléculas inflamatorias, incluida la interleucina-1 alfa. El metabolismo de lípidos y carbohidratos también mostró un perfil más favorable. En particular, la proteína DPP-4, implicada en la regulación de los niveles de insulina y glucosa, estaba bien conservada.
Los autores subrayan que la genética sólo explica una cuarta parte del fenómeno de la longevidad. El estilo de vida, la nutrición, la actividad física y los factores sociales que pueden contribuir a reducir la inflamación y el estrés oxidativo desempeñan un papel importante.

